¿Es cierto que están mejorando las percepciones económicas de los venezolanos?

Los resultados recientes de una encuesta de Datanálisis, publicados en un reportaje de la agencia de noticias Bloomberg, parecieran indicar una mejora en las percepciones de los venezolanos sobre su situación económica personal. Sin embargo, un análisis más detallado de los datos muestra que este aumento está en gran parte explicado por anomalías en la base de comparación inicial y que cualquier mejora en la percepción de la situación personal probablemente está causada por factores distintos a los económicos.

De acuerdo con los resultados de un estudio de opinión levantado por la empresa Datanálisis durante el mes de febrero, el 34.6% de los venezolanos evalúa hoy positivamente su situación personal. A pesar de que esta proporción es una minoría de la población (el 64.6% la evalúa negativamente), ella representa un incremento con respecto a los niveles observados en años recientes. Un reportaje reciente de la agencia de noticias Bloomberg resalta esta variación, apuntando que el porcentaje de venezolanos que evaluaba su situación de forma positiva era apenas 15.7% en febrero del año pasado, Algunos analistas han argumentado que esto refleja evidencia de que los venezolanos han comenzado a percibir los efectos de una recuperación económica.[1]

Si bien la limitada evidencia existente sugiere que la economía ha arrestado su caída y puede incluso haber crecido en los últimos meses, el resultado de esta encuesta no deja de ser sorprendente. Por un lado, es usual que las mejoras en percepciones económicas ocurran con un cierto rezago a las recuperaciones del crecimiento. Por otro lado, aún si ha habido un cambio reciente en la tendencia, es indiscutible que, dada la enorme contracción económica observada en el 2019 – cuando la economía se contrajo, de acuerdo con las estimaciones del Fondo Monetario Internacional, en 35% – es imposible que las condiciones económicas de la gran mayoría de los venezolanos no estén hoy sustancialmente peor que lo que estaban hace 12 meses.

En la medida en que existe una mejora en la situación personal, parece estar motivada por factores distintos de los económicos.

En este artículo exploramos otras explicaciones para esta variación. Nuestro argumento es que la recuperación en las percepciones positivas de la población está muy probablemente sobreestimada por problemas con el muestreo en el punto inicial de comparación. En la medida en que existe una mejora en la situación personal, la evidencia apunta a que está motivada por factores distintos de los económicos.


EL PUNTO DE PARTIDA

El gráfico 1 representa las respuestas a la pregunta en cuestión desde el año 2013, además de las respuestas a una pregunta relacionada concerniente a la situación del país. Estas dos preguntas son, respectivamente, “Cómo evalúa usted su situación personal en la actualidad?” y “¿Cómo evalúa usted la situación del país en la actualidad?” Obviamente, hay buenas razones para esperar que estas dos respuestas estén correlacionadas, como en efecto lo están en los datos: a medida que aumenta la percepción de que el país está bien, también tiende a aumentar la percepción de que la persona está bien (si bien la segunda es sistemáticamente más alta). Pero un segundo punto que salta inmediatamente a la vista es que la pregunta sobre la percepción personal es medida mucho menos frecuentemente que la que mide la situación del país y parece además mostrar mucha más volatilidad.

Fuente: cálculos propios, Datanálisis

Otro punto que salta a la vista es que la observación de febrero de 2019 es particularmente baja para ambas series. En la serie de situación del país, para la que contamos con datos de 7 estudios a lo largo del año 2019, el porcentaje de respuestas positivas en febrero de 2019 es menos de la mitad del promedio para el resto del año (6,7%) e incluso apenas tres quintas partes del segundo nivel más bajo (4,8%, mayo). En otras palabras, la data parece indicar que febrero de 2019 fue un mes en el que el nivel de percepciones positivas del país – y por ende, probablemente también de la situación personal – fue inusualmente bajo.

Es posible elaborar muchas hipótesis sobre por qué este es el caso. Febrero de 2019 es justamente el mes después de que el Presidente de la Asamblea Nacional decide invocar el artículo 233 de la Constitución para asumir las funciones de la Presidencia de la República, iniciando una prolongada confrontación política con el oficialismo. Cómo el inicio de esta confrontación afectó las percepciones de la situación personal y del país es una pregunta relevante y ofrece un terreno fecundo para hipótesis diversas. Sin embargo, tal vez no es necesario entrar en este tipo de consideraciones para encontrar una explicación a la anomalía.

La encuesta de Datanálisis de febrero de 2019 se realizó entre el 30 de enero y el 7 de febrero de ese año. Este período, poco después del anuncio de Guaidó, también coincidió con una de las protestas más concurridas llamada por la oposición en los últimos años. De acuerdo a nuestras estimaciones – basadas en análisis de fotografías aéreas – el 2 de febrero de 2019 manifestaron 829 mil personas sólo en la ciudad de Caracas – lo que equivale a aproximadamente un tercio de los 2.7 millones de adultos que residen en el área metropolitana. Los únicos momentos comparables en la historia reciente son el 23 de enero de ese mismo año (682 mil personas) y el 19 de abril de 2019 (1.28 millones de personas).

La asistencia masiva a las manifestaciones de 2019 puede haber afectado la muestra disponible al momento de la encuesta del año pasado.

La asistencia masiva a estas manifestaciones puede haber afectado significativamente la muestra disponible al momento de hacer la encuesta. Este efecto no necesariamente se limita al día de la manifestación, dado que en muchas ocasiones los participantes se trasladan a las ciudades de la protesta con antelación. Es además intuitivamente plausible que los manifestantes sean quienes se sientan más optimistas en la población– al ver mayor probabilidad de lograr cambio – por lo que la muestra de quienes permanecen en sus hogares sea más pesimista.

Hay además un sinnúmero de otras dificultades logísticas para los encuestadores asociadas con protestas de gran escala, entre las cuales se encuentra la disponibilidad de transporte (ya que las unidades disponibles son demandadas por los organizadores de las protestas) como los problemas en el traslado de material y logística de supervisión. De hecho, en mayo de 2017 – otra época de intensas protestas – la misma empresa decidió retrasar el campo de su encuesta durante las protestas, explicando en un correo a sus clientes que la posibilidad de realizar la encuesta en las fechas pautadas obedecía en parte a “retrasos en las entregas de materiales a los proveedores a nivel nacional y las protestas en diversos puntos del país.” Parte de la razón por la cual no contamos con información de encuestas para otras fechas en las cuales ocurrían protestas de dimensiones similares es que la empresa decidió no llevar a cabo el campo de esas encuestas al considerar que esas protestas dificultaban el levantamiento de datos confiables.

Fuente: cálculos propios

Con estos comentarios no buscamos de ninguna manera criticar la decisión de Datanálisis de hacer su estudio de campo en febrero de 2019 – de hecho, es evidente que en ese momento existía una demanda apreciable por indicadores que midiesen la reacción de los venezolanos ante las convulsiones políticas que el país atravesaba. Lo que queremos recalcar es que la combinación de un dato anómalamente bajo en las percepciones de la situación personal y del país en ese mes, conjuntamente con la existencia de condiciones objetivas que restringían el levantamiento de datos, siembra dudas sobre la validez de usar esa fecha como el punto inicial de comparación para llegar a una conclusión robusta sobre la evolución de las percepciones de los venezolanos sobre su bienestar.

Si eliminamos la observación de febrero 2019 de la muestra, las otras dos observaciones de la situación personal del pasado reciente son la de febrero de 2018 (24.4%) y la de diciembre de 2019 (30,7%). Si tomamos – algo arbitrariamente, claro está – el punto medio de estas dos observaciones (27,6%) como aproximado de la percepción hace un año, tendríamos una mejora de 7.1 puntos porcentuales en la percepción personal positiva a lo largo del último año. Esto indica una mejora mucho más moderada en la percepción de la situación personal que los 18.9 puntos de mejora mostrados en la comparación citada por Bloomberg.

La percepción de la situación del país, fuertemente correlacionada con la personal, no evidencia una mejora apreciable.

En todo caso, es importante ser cauteloso aún con este cálculo más conservador de la mejora en la percepción de la situación personal. La realidad es que tenemos pocas observaciones de esta variable, y ambas están algo distantes de la situación a principios del año pasado. Además, sabemos que hay una correlación entre la percepción personal y la percepción del país, la segunda de las cuales no ha mostrado una mejora apreciable. Si bien el dato más reciente, 8.3%, es ligeramente superior a los observados a mediados del 2019, su diferencia con el promedio de 2019 es de apenas 1.6 puntos porcentuales (2.2 puntos porcentuales si incluimos febrero), por debajo del margen de error de la encuesta de ±3.5%. Por tanto, consideramos que en base a la data disponible en este momento, es aventurado concluir con un alto grado de confianza que las percepciones de los venezolanos sobre su situación económica están mejorando.

MEJORAS ECONÓMICAS Y NO ECONÓMICAS

En el resto de esta discusión, y no obstante los comentarios hechos en la sección anterior, asumiremos que hay alguna mejora en la percepción personal, posiblemente más cercana a nuestro estimador más conservador. Nuestra pregunta es a qué factores se le puede atribuir esa mejora, y cuál es el peso relativo de factores económicos en ella. Nótese que las preguntas de la encuesta sobre las que nos hemos centrado se refieren a cómo evalúan los encuestados su situación personal o la del país, sin hacer referencia explícita al tema económico. El encuestado, por tanto, podría estar pensando en muchas dimensiones de su vida que no tienen nada que ver con la economía al responder esta pregunta.

Hay dos piezas de evidencia que sugieren que cualquier mejora en la percepción positiva de los encuestados no se debe a que sus condiciones económicas hayan mejorado en el sentido de poder acceder a mayores niveles de consumo. La primera de ellas es que la encuesta contiene una pregunta directa sobre cómo evalúa el encuestado su situación económica, y la del país, con respecto a hace un año. Esta es una pregunta que se incluye en la encuesta con relativa poca frecuencia; afortunadamente, la encuesta de febrero de 2020 la incluye, lo que nos permite evaluar directamente la hipótesis de que la percepción de mejora se debe a la economía.

Fuente: cálculos propios, Datanálisis

Los resultados no apoyan la tesis de que la gente se sienta sustancialmente mejor sobre sus condiciones económicas. Apenas el 12,4% de los encuestados piensa que la situación personal está mejor (11%) o mucho mejor (1,4%) que hace doce meses, mientras que el 31,5% piensa que está igual y el 55,2% piensa que está peor (40,8%) o mucho peor (14,4%). A pesar de que no contamos con una observación de esta variable hace un año, es improbable que la proporción de personas que consideran que su situación económica ha mejorado haya sido mucho más baja que el nivel actual. Ello nos sugiere que la mejora en la situación económica no puede el factor más relevante en el crecimiento de la percepción positiva, independientemente de que utilicemos la data de las encuestas de febrero (+19,8 puntos) o el ajuste que sugerimos en la sección anterior (+7,1 puntos).

El segundo dato que va en contra de la idea de que las mejoras en la percepción de la situación personal se deban a mejoras en las condiciones económicas es que a lo largo del último año no ha variado apreciablemente la proporción de personas que mencionan un problema económico como el principal problema del país. Por el contrario, el porcentaje que cree que el principal problema es económico aumenta ligeramente, de 67.9% a 69.4%, a lo largo del último año (si hubiese una mejora económica esperaríamos verlo bajar)

Fuente: cálculos propios, Datanálisis
*Pregunta: ¿Cuáles considera usted que son los principals problemas del país?

Si abrimos la puerta a la consideración de factores no económicos como explicación de la mejora en la apreciación de bienestar personal, es posible aventurar muchas hipótesis que expliquen un cambio en la percepción positiva de la población. El éxodo migratorio, por ejemplo, podría haber afectado la composición de la población en el país, sea debido a que aquellos insatisfechos con sus condiciones emigraron, o que observar migrar a miembros de la familia puede reducir la preocupación por su bienestar y por tanto aumentar la tranquilidad de los familiares que permanecen en el país. Alternativamente, se podría argumentar que a medida que ha disminuido la probabilidad aparente de un cambio político, ocurre un proceso de adaptación de expectativas a la realidad del país, llevando a que algunos se sientan más satisfechos con la situación actual que hace un año, cuando muchos consideraban que el cambio político estaba a la vuelta de la esquina. Es también posible que mejoras en condiciones no económicas, tales como la seguridad personal, hayan contribuido a mejorar el bienestar personal. Necesitaríamos más datos que los que están actualmente disponibles para evaluar algunas de estas hipótesis satisfactoriamente.

Ahora bien, los datos de la tabla 1 sugieren una explicación relativamente simple de la posible mejora en las percepciones. A pesar de que la proporción de personas que considera que el principal problema del país es económico se mantiene relativamente constante, hay una considerable variación en el tipo de problemas económicos a los que los encuestados hacen referencia. A lo largo del último año, la proporción de personas que consideran que la escasez de alimentos o medicinas es el principal problema del país cae fuertemente, de 21.9% a 3,3% (-18,6%). Por otro lado, la proporción de personas que considera que el alto costo de la vida es el principal problema aumenta de 28,9% a 43,5% (+14,6%). Hace un año los venezolanos estaban preocupados porque no podían conseguir los bienes que querían; hoy su problema es que si bien los consiguen, no los pueden comprar.

Hace un año los venezolanos estaban preocupados porque no podían conseguir los bienes que querían; hoy su problema es que no los pueden comprar.

Este resultado es lo que esperaríamos dados los cambios en política económica que hemos observado, los cuales han dado espacio a una liberalización cambiaria y de precios y a una reducción en el intento por parte del gobierno de hacer cumplir los draconianos controles de precios que se habían vuelto ubicuos hasta hace poco. Dado que todos los datos existentes apuntan hacia una caída fuerte de las importaciones no petroleras y la producción nacional en 2019, esta liberalización de ninguna manera quiere decir que la gente está consumiendo más. Por el contrario, la evidencia es que en 2019 los venezolanos consumieron en agregado menos bienes que en 2018.

Por lo tanto, a pesar de que esta explicación nos trae de vuelta a la dimensión económica, se relaciona mucho más con la forma en la que los venezolanos pueden interactuar con la economía que con conceptos tradicionales de recuperación económica. Sería, de hecho, un contrasentido hablar de mejoras en la situación economíca en el contexto de una continuada y aguda contracción del consumo. Lo que ha ocurrido, por el contrario, es un cambio en el sistema de asignación de bienes entre la población, el cual ha evolucionado de la asignación por racionamiento a la asignación mediante precios.

Es posible que este cambio, a pesar de no haber llevado a aumentos en el consumo agregado, haya ayudado a generar mayor tranquilidad en una parte de la población. Evidentemente, para aquellos con mayor poder adquisitivo, hay un beneficio de que la asignación de recursos se haga de acuerdo a la capacidad de compra, y la encuesta efectivamente muestra que las percepciones positivas son mayores en el sector socioeconómico más alto. Pero incluso para familias de bajos ingresos, la asignación mediante el sistema de precios puede ser superior, dado que les permite decidir qué bienes van a consumir con sus limitados ingresos en vez de depender de contar con suerte (o conexiones políticas) en el proceso de racionamiento. Por ejemplo, una persona que necesite comprar una medicina para tratar una condición que amenace su vida puede estar objetivamente mejor si tiene la opción de rebajar su consumo en otros bienes para poder comprarla que si, como resultado del proceso de racionamiento, simplemente no puede acceder al tratamiento.

Hay otras consecuencias sobre el bienestar de la escasez que van más allá de sus efectos sobre el consumo directo. La asignación por racionamiento puede implicar el gasto de cantidades de tiempo apreciables en la búsqueda de bienes. Esa utilización de tiempo puede tener un costo de oportunidad significativo para muchas personas, además de contribuir negativamente a su bienestar mental. Contribuciones recientes en el campo de la economía psicológica han resaltado el efecto de la necesidad de lidiar recurrentemente con la escasez sobre la calidad de la toma de decisiones de las personas.[2]


¿Se sienten los venezolanos mejor hoy que hace un año? Posiblemente, aunque la mayor parte de la mejora identificada en la encuesta de Datanálisis es más que todo atribuible a problemas con la recolección de datos en medio de las movilizaciones de febrero del 2019 que marcan el punto de comparación inicial. Lo que luce improbable es que cualquier mejora observada sea explicable como resultado de un mayor nivel de consumo. Es mucho más plausible que cambios en la forma de organización de la sociedad, entre ellos el resurgimiento de un sistema de precios funcional que reduce las arbitrariedades en la asignación de recursos, les hayan devuelto a los venezolanos un poco del sosiego extraviado.

Notas:

[1] Venezuelans Are Feeling More Upbeat But Not About Maduro, Poll Finds. Bloomberg, February 20, 2020.

[2] Mullainathan,S. & Shafir, E. (2013) Scarcity: Why Having Too Little Means So Much 1st edition, Henry Holt and Company.

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